Siempre está aquella idea dando vueltas, y es que todavía no me decido a querer hablarte, o mejor aun, no me resigno a tener que olvidarte. Pero es tan difícil responderse a uno mismo cuando la pregunta encierra dos interrogantes más en su interior, es decir, que la pregunta resulta siendo un signo indescifrable por lo qué realmente deseas.
Desafortunadamente el amor imposible existe dado la implicancia de no saber que queremos y siempre se termina añorando un ideal que resulta siendo circular, un ideal que se estrella con nosotros mismo por que sólo se manifiesta en tanto prolongación semejante a cada existencia en particular.
Estoy buscando algo que todavía no sé que es, y resulta más difícil aun acercase a la pregunta por lo que realmente deseo. Quizá, la punta del nudo empiece por la sensatez con uno mismo ó a lo mejor resulta como la polilla que intenta acercarse a la luz de la vela y cuando lo logra se quema.
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